Estamos leyendo.... La evolución de Calpurnia Tate (Jacqueline Kelly) en Zaragoza

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martes, 18 de mayo de 2010

Desconfiar de las palabras...


Germaine desconfía de la palabra amar, al igual que de otras muchas. Amor para él es una palabra violenta, si no te la han dicho mucho cuando eres pequeño es muy gorda, tanto que se atraganta. También cabe la posibilidad de que si te la han dicho vacía, hueca, te atragantes. También para él la libertad es importante aunque no sabe que hacer con ella.

De las manos de Margueritte inicia su reflexión sobre quien es él, sobre el sentido y el significado de su existencia. Conoce a Romain Gary y La promesa del Alba, un libro autobiográfico en el que Gary trata el amor a una madre. A Camus y La Peste, un libro en dónde la solidaridad humana se aborda plenamente, en dónde también se evidencia la repercusión de la restricción de las libertades a los individuos .

En su cultivo junto a Margueritte se plantea la importancia de lo que se dice. “El problema es que digo lo que pienso con las palabras que he aprendido...con quince palabras no basta para contarlo todo”. La importancia de las palabras y también del cómo se dicen. Por ello, desconfía de aquellos oradores, de aquellos que “se ríen de ti y lo hacen de un modo tan educado que les das las gracias”.

A él no lo educaron como a Gary, “lo adiestraron a pedradas como se hace con los perros callejeros”, todo no siempre resulta sencillo, si no te han amado como amó la madre de Gary esa felicidad está por llegar en lugar de estar vivida.

lunes, 3 de mayo de 2010

Las palabras nos hacen...


“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa(...)” Albert Camus, La Peste.

Germaine Chauzes conoce a Margueritte, una señora de casi 86 años, en un banco del parque. Comparten una afición, contar palomas. Germaine hasta entonces no se había planteado qué es querer a alguien, qué es sentir obligaciones y qué es sentirse respetado.

“Yo me he hecho a mí mismo solo, aunque no me haya construido según las normas, me sostengo”. Es por ello que quiere adoptar como abuela a esa frágil anciana que le introduce en el mundo de las palabras, en esas “cajas” necesarias para ordenar nuestros pensamientos, en el sentido de la existencia de uno.

Esa existencia que es el punto de partida, aquel donde los sentimientos, como la lectura, son adquiridos. A él no le enseñaron ni a buscar el sentido de las frases, a leer, ni a querer. Reflexiona sobre su propia existencia, sobre su educación. Las referencias no son desde luego buenas, un maestro cebador que no cultivador y una madre sin instinto maternal.

Para Germaine, vivir no tiene nada que ver con entender la vida, esto se hace aprendiendo a saber aunque al principio parezca complicado, luego interesante y después aterrador, como un miope al que le ponen gafas y entonces puede ver la suciedad, las fisuras, la roña.