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martes, 15 de febrero de 2011

El libro de Granada


“¿Pero no es esto, en cierto modo, lo que estoy haciendo: qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al Supremo Acreedor? Me ha prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en El Cairo, mi angustia en Fez y en Granada vive aún mi inocencia”.

Hasan, hijo de Mohamed al-Wazzan, “al-Zayyati” irá acumulando a lo largo de su vida muchos más apellidos, delatores de una procedencia o una experiencia. Sus días acabarán bajo el nombre de León el Africano. En estas primeras páginas de un diario crónica escrito para su sucesor, de momento sólo porta un nombre y su procedencia, la paterna y la de su tribu de origen.
Apenas tiene cinco años cuando parte exiliado de una Granada entregada por Boabdil tras nueve siglos de hegemonía musulmana en un territorio, Al Andalus, visto por muchos como un ejemplo de convivencia entre culturas. Haciendo memoria de los hechos fundamentales del año, cada capítulo corresponde a uno, y dada su escasa edad trasmitiendo más bien aquello que sus mayores le contaron nos narra sus inicios en la vida pero también los aconteceres de su familia y de su ciudad, Granada.

Una ciudad amada, que vive crisis internas, traiciones y el asedio de unos monarcas, “los católicos”, que con ella finalizarán la llamada reconquista, otros aseguran que más bien debería llamarse repoblación, iniciada siglos antes.

-No llores como mujer lo que no supiste defender como un hombre. Le increpará Fátima a su hijo Boabdil “ El desdichado” tras mirar Granada desde El suspiro del moro.
Entretanto una judía llorará cuando el mismo año en el Edicto de Granada se expulse a su pueblo de esas tierras o los obligue a convertirse. Y su padre protagonista de estos grandes hechos hará lo imposible por recuperar a su cristiana y a su hija y así poder partir con todos.