Tras estos días, desde aquí mis mejores deseos para todos vosotros y los vuestros, nos embarcaremos en nuestro quinto año de Club de Lectura con nuevas lecturas y por tanto nuevos sueños, mundos, ideas y retos.
En el Recomiendalibros está el resultado de un Taller que desde mi punto de vista nos ha tocado con una varita. Como un mago Rafael Martos nos abrió la chistera al mundo de la palabra, y nos demostró que podemos hacerlo, podemos escribir.
Os animo a que dejéis en el blog vuestra opinión sobre el Taller de Escritura Creativa.
Me parece que fue Llamazares el que dijo que un escritor era “artesano de la palabra”.
El Taller de Escritura creativa dirigido por Rafael Martos con la ayuda de Laura Bona ha sido además de nuestro acto de clausura de año, y en enero comenzamos el quinto, un maravillosos taller de artesanía de la palabra. Rafa comentaba “con un lápiz y un papel todo el mundo puede hacerlo”. Si, como el artesano, nos paramos a pensar, a buscar la belleza, la corrección, si pulimos tras haberlo dejado reposar... lo que estamos haciendo es escribir.
El resultado no podía ser mejor, en el apartado Recomiendalibros, arriba a la derecha, esta la magia de algunos de vuestros escritos.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Taller de Escritura Creativa.
lunes, 22 de noviembre de 2010
“Tres rosas amarillas”

“Tres rosas amarillas” es un relato del escritor norteamericano Raymond Carver. En él rinde homenaje al autor ruso Antón Chejov, famoso por sus obras de teatro naturalista (Tio Vania, El jardín de los cerezos…) pero reconocido sobretodo por ser uno de los maestros del cuento en la literatura universal.
Hijo de un tendero y nieto de un siervo que compró su libertad, Chejov empezó a escribir para aliviar las penurias económicas de su familia y pronto se convirtió en un narrador muy prolífico, famoso y reconocido.
En “Tres rosas amarillas” Carver nos describe sus últimos años de vida, siempre viajando en busca de climas favorables a la tuberculosis que padecía y sin darle demasiada importancia a su enfermedad a pesar de ser médico. Chejov vive tan absorto por su trabajo que desespera a los doctores que le atienden. Espectadores impotentes de cómo se le escapa la vida al autor ruso.
El genial novelista Leon Tolstoi, gran admirador suyo, lo visita durante su convalecencia y escribe en su diario que se siente feliz de amarle. Carver describe el encuentro basándose posiblemente en el susodicho diario que, según nos refiere, todo el mundo acostumbraba a llevar en la época. Así se presentan en el relato dos enormes figuras de la literatura, grandes analistas de la vida rusa, cada uno en su estilo. Tolstoi desde una postura más moral y espiritual (aunque sin olvidar en la práctica su compromiso con los más humildes y con los animales) mientras que Chejov se expresa de forma más pragmática y directa, no puede creer en nada que al menos no se perciba por un sentido. Él se siente incapaz de mostrar más allá de cómo interactúan sus personajes entre sí y de cómo enfrentan los dilemas de la vida. Tolstoi, que admira la forma de sus relatos, le recriminará precisamente una falta de perspectivas más elevadas. Perspectivas que Chejov se siente incapaz de visualizar, para él lo importante es el aquí y ahora.
Acompañado por su esposa, la actriz Olga Knipper, con la que muchas veces mantenía relación a distancia debido a los compromisos laborales de ella y a la quebrantada salud de él, terminará recalando en Badenwweiler, ¿Ignorante de la gravedad de su estado? ¿Optimista hasta el fín?
Ya en fase terminal los últimos minutos de sus vida brindara por nada junto a su compañera y el médico, así se apagará, en la mente de Carver, la magia de Antón Chejov, optimista aunque resignado. Mientras la vida sigue, aunque él haya cerrado los ojos. El mozo pese a todo se agachará y recogerá el corcho del champán a la mañana siguiente, con un jarrón con tres rosas amarillas. No sabemos si el jarrón se le cae o no, lo cierto es que Chejov fue transportado a Moscú en un camión refrigerador para ostras.
El propio Carver ha sido llamado por la crítica el “Chejov americano”. Con un estilo directo sus escritos nos presentan a gente común que intentan sobrevivir a la monotonía cotidiana o que se ven abatidos por decisiones erróneas en sus vidas y por una realidad que les supera.
martes, 2 de noviembre de 2010
¿La realidad en gris?

El Elefante y Caballos en la Niebla se suman al recopilatorio que, hace un mes y poco, como por casualidad, cayó en nuestras manos.
Dos historias, cada una de ellas centrada en un punto fundamental de la vida de todo ser.
En el primero la sorpresa de uno cuando atisba lo que los demás piensan y esperan de él, la dualidad entre lo que estaría bien y lo que se hace cuando los sentimientos filiales están por medio pero no es lo correcto.
En el segundo el amor en toda su plenitud, allí también el desamor. El sentimiento de orfandad que su pérdida conlleva, la ausencia de historia de uno sólo cuando se han sido dos.
“Como los caballos y la niebla. O podría decirse que mi historia me ha dejado. O que he de seguir viviendo sin historia. (…)
Y de que estoy diciendo adiós a la historia. Adiós, amada mía”
Dos miradas, de esas captadas por el rabillo del ojo, que bien podrían ser la nuestra o la de seres cercanos. Experiencias no fantásticas ni de cuento de hadas, realidades “sucias”, grises, sacadas de la vida misma. Reflexiones sugeridas no exentas de profundidad, de simple y llana vida.
martes, 26 de octubre de 2010
Menuda intimidad…

Intimidad y Menudo se suman a nuestra incursión en el mundo de Raymond Carver.
Dos historias, ambas sobre las relaciones de pareja; El miedo, la infelicidad, el paso del tiempo, lo que nunca se pensó hacer o decir pero se hace y se dice...
Instantáneas de parejas, incursiones con el rabillo del ojo en rupturas, viajes a lo que pudo ser pero no ha sido. Proyectos rotos. Hojas caídas que sólo pueden acabar en un saco.
Matrimonios no ideales, la evidencia, la más pura y cruda realidad.
En el primero, un reencuentro con la ex, un compendio de reproches y avances, una asquerosa cotidianeidad, una certeza, la vida continua sin el otro.
En el segundo la infidelidad, la línea sobrepasada sin posibilidad de retorno, el desencanto ante destinos truncados si es que realmente hay destino. El arrepentimiento ante la evidencia, no somos lo ideado, somos peores.
Cruzar la calle, limpiar las hojas, continuar....
viernes, 8 de octubre de 2010
Existencias...

Nunca antes en nuestro club nos habíamos enfrentado a lecturas tan pequeñas y a su vez tan grandes. Resulta difícil compendiar tantas imágenes distintas, fotografías de una sociedad desde luego no perfecta. En estos dos relatos, Cajas y Quienquiera que hubiera dormido en esta cama, no hay héroes ni heroínas sino gente plana. Son pequeñas instantáneas de vidas cualquieras, podemos tenerlas a nuestro alcance mirando por la ventana o paseando por nuestras calles. Quizás sí tiene una particularidad “a la americana”; es difícil en nuestro país hablar de una madre viajera…
Con un lenguaje escueto, preciso, mínimo Carver nos muestra una realidad ni bonita ni fea, la más pura realidad. Actos domésticos cotidianos, desvelarse por una llamada desesperada e inoportuna bien puede formar parte si no de nuestra existencia sí del personaje anónimo con el que nos cruzamos por la calle.
Cuentos o relatos, la gran duda, el primero dicen tiene nudo y desenlace, el segundo es acabado por nosotros. Sin una línea argumental precisa, y por supuesto admitiendo la no-ficción al más puro estilo de Truman Capote.
En definitiva realidades rutinarias no por ello exentas de una gran belleza.
Microrrelatos finalistas en el concurso de microrrelatos IASS 2010

COSAS DE VIEJOS
No quería sentirse un viejo inútil y, ante el desafío de algo tan difícil como era encontrar realmente una aguja escondida en un pajar, imaginó todo tipo de actuaciones posibles. Revisar la paja, brizna a brizna, tal vez con la ayuda de un imán; incluso prender fuego al pajar y después aventar las cenizas. Pero se deprimió profundamente al comprobar…¡que no era capaz de recordar siquiera dónde estaba el pajar!.
Respiró hondo al darse cuenta de que sólo era un mal sueño y nadie le había pedido siquiera que buscase una aguja. Lo comprendió cuando su nieta le despertó diciéndole, entre lágrimas, que no le hacían caso los compañeros de clase. Y se sintió de nuevo seguro, importante, arraigado en la vida, observando el interés con que la niña le escuchaba los pequeños trucos de sociabilidad que había aprendido en sus años mozos.
EL SUEÑO
Teníamos la vida por delante, llena de ilusiones y proyectos. Todo se rompió, de pronto, una grave enfermedad y una muerte inevitable. Yo lo miraba con ojos que ya no veían, hubiera querido abrazarlo para que nuestras almas se fundieran. Pero no pudo ser, lo envolvieron en sábanas blancas y lo sacaron de aquella habitación que ya era la suya.
Pasaron muchos años, un día mientras yo dormía, él vino. Vestía de blanco, como se fue, vino a darme ese abrazo que yo tanto ansiaba. Un dulce abrazo vestido de ropa blanca.
ABUELA SORPRENDIDA
La abuela, como otras veces, se encontraba al cuidado de sus nietos gemelos de cuatro años.
Llegó la hora de la siesta y no callaban, decidió compartirla con ellos y, con un poco de suerte, igual llegaban a dormirse; pero ellos a lo suyo, no callaban.
Había tenido un “gatico” buenísimo, que jamás les arañó, que jugaba con ellos, pero hacía unos meses que había muerto, y les habían dicho que estaba en el cielo.
Juan le dijo a José: ¿Qué te parece si esta tarde nos morimos un rato, nos subimos al cielo a jugar con Misy y luego nos bajamos?. José le dijo: Vale.
La abuela no podía creer lo que estaba oyendo, los dejó solos, pues sus conversaciones no eran aptas para mayores.